PUEBLOS DEL MUNDO. BIENVENIDOS A MÉXICO


Estadio Ciudad de México. México.

PUEBLOS DEL MUNDO

BIENVENIDOS A MÉXICO


Introducción

Inspirado en un proverbio oriental el prócer cubano José Marti escribió el poema “Abdalla”, más conocido como el “Manifiesto de Abdalla”, en donde un jeque árabe indica las tres cosas que debe hacer una persona para sentirse realizada, de dejar una huella imperecedera, a saber: “Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Y mimar un nieto - había señalado en mi crónica “Celebración Diamantina de los 75 años”, 2017 - como cuarto objetivo, necesario, para culminar, dichoso, el periplo existencial. “Ser abuelo produce complacencia que la condición de padre no da. No se puede formular en meras palabras, es vivencia que hay que experimentar. El sentimiento es indescriptible. Si a los hijos se aman a los nietos se adoran”.

Ahora, próximo a cumplir los 84, se me ocurre agregar un quinto elemento: “Asistir a una Copa Mundial de futbol, World, Soccer Cup”. Tener la oportunidad, a estas alturas de mi andanza terrenal, de formar parte de una multitud delirante de más de 80.000 colombianos cantando el himno nacional, el quinto más hermoso del mundo, lejos de la patria amada, congregados en el imponente Estadio Ciudad de México, es algo ciclópeo, por lo inmenso de sensaciones y sentimientos que se cruzan, más aún, si te sientes felizmente acompañado de tus nietos y tus hijos.

A mi lado, en la alta tribuna, tenía ¡qué maravilla! a Lucia, una de mis nietas, de apenas 8 años que, practicante del futbol, gozó de lo lindo el espectáculo, coreando a viva voz los tres goles con que nuestra selección ganó su primer partido ante Uzbekistán y ondeando orgullosa, todo el tiempo, más de dos horas, la bandera tricolor de Colombia.


Tierra mexicana

Paseo de la Reforma. Ángel de la Independencia. Photo Dr Teo.

La grata impresión de sentirse, en tierra mexicana, como si estuvieras en tu propio terruño, en tu comarca natal, te da una alegría única, difícil de lograr en otras latitudes. Recóndita emoción tuve al llegar a las puertas del Estadio Azteca, después de una bullanguera y folclórica caminata y escuchar un sincero y fraterno: ¿colombianos? ¡Viva Lucho Diaz, Viva James, Viva Colombia!, de labios de los miembros de la logística del evento, es algo que produce asombro, respeto y gratitud por la amable gente de Mexico.

¡Viva Mexico, Viva Mexico lindo y bonito! Respondimos nosotros con energía inusitada salida de lo mas hondo de nuestro corazón.

El sentimiento que nos une a esta nación es tan significativo, para los colombianos, que todo lo que allí sucede lo experimentamos como propio. Y, tal vez, ha sido la música el aglutinante patriótico que reafirma como ninguno, nuestra hermandad. Una fraternidad mayor a la que sentimos por cualquier otro país latinoamericano.

Las canciones mexicanas han tenido gran acogida en Colombia. Hoy en día las antiguas serenatas con pasillos, bambucos y guabinas que se ofrecían a la novia o cumplimentados, por tríos y cuartetos con guitarras y bandolas, han sido desplazados por las cuerdas y trompetas que usan mariachis colombianos, en sus “rancheras y huapangos”, vestidos a la usanza de los charros de la Plaza Garibaldi.


El Dorado del Futbol

Estadio Municipal Romelio Martínez. Barranquilla.

Me refiero, en particular, a Lucia porque este acontecimiento ha llevado a revivir lo que, a su misma edad, guardadas las proporciones ecuménicas, yo pude vivenciar en el icónico Estadio Municipal de Barranquilla, el Romelio Martínez. Muchas veces en hombros de mi padre Francisco de Jesús Coronado, que me inculcó desde niño el amor al deporte, no solo el futbol, también el beisbol y otros. Tengo fresca en mi memoria las grandes figuras que vi jugar en un partido entre Atlético Junior y el “Ballet Azul”, Millonarios de Bogotá, en una época considerada “El Dorado” del futbol colombiano. El equipo capitalino con una nómina, en su mayoría, de jugadores argentinos, verdaderas estrellas del balompié internacional que pudieron llegar a nuestra liga por una huelga que se dio de futbolistas en ese país. Entre otros puedo mencionar a los argentinos Julio Cozzi (portero), Nestor Raul Rossi y Tomas Aves (defensas), Adolfo Pedernera y Oscar Corzo (mediocampistas), Alfredo Di Estefano (delantero), Ismael Soria (defensa peruano) y los colombianos Gabriel Ochoa Uribe (portero) y Francisco, Cobo, Zuluaga (defensa)

De la Plantilla del Atlético Junior - los Miuras se apodaban en esa época, antes del  “equipo tiburón” de la actualidad - puedo destacar a: Heleno De Freitas (brasilero, centro delantero); Delfín Benítez Caceres (atacante paraguayo), Enrique Pessarini (atacante, argentino). Los húngaros Ferenc Nyers (extremo izquierdo) y Laszlo Szöke (mediocampista).

Consciente soy, de la paradoja que se da, en la comparación etaria que hago con mi nieta, sobre la experiencia vivida en tierra azteca. Mientras a ella le esperan muchos mundiales por ver yo experimento el regocijo de haber, por lo menos, estado en uno que satisface mis expectativas para la brevedad de los días que me quedan, con el obvio optimismo de poder gozarme, si Dios quiere, el próximo en el 2030.


El Scratch Du Oro

Desde 1970 cuando pude contemplar, a través de la televisión, el primero de tres mundiales realizados en Mexico, he seguido con pasión el certamen que se realza cada cuatro años. Este torneo impactó, como ninguno otro, por el trofeo alcanzado por la selección brasileña, la Copa Jules Rimet, otorgada por la FIFA, al equipo que lograra ganar tres títulos como campeón del torneo.  Sin pretender dármelas de experto en este tema, para mi gusto personal, no ha habido, desde entonces, un onceno, el “Scratch du Oro” como se bautizó al equipo brasilero en cabeza del incomparable Rey Pele, Edson Arantes Do Nascimento, por su dominio del balón, regates imposibles y precisión. Por su juego colectivo, armonía entre ataque y defensa y capacidad de generar peligro de forma constante.

La verdad, el estilo  presente no es el mismo, bastante ha cambiado, desde cuando gano Brasil su 5º título en Corea, 2002. Lo que no ha impedido que el mote de Scratch se siga usando para referirse a la magia y  habilidad que caracterizan a la Canarinha.

El futbol, el más popular de los deportes, mayor aglutinante de la especie humana, corrobora lo diverso y desigual de la humanidad entendida como el conjunto de todos los hombres. La coyuntura presente, en que se da la participación de 58 países de diversos continentes permite observar un espectáculo de multitudes como nunca se había visto en otros escenarios donde se ha escenificado.  Con sus creencias, mitos, sueños, leyendas, lenguaje, arte, música, conocimientos técnicos y científicos, actitudes psicológicas, en el sentido más amplio posible de la biodiversidad humana.

 No sabría escoger sobre qué es más maravilloso; si la magia y la belleza del futbol como arte, la performance atlética de 22 jugadores disputando con ardentía cada partido detrás de un balón, en las majestuosas canchas de Estados Unidos, Mexico y Canada, o los 70.000 o 87.000 fanáticos con su algarabía multi lingüística, cual una Torre de Babel, escandalosas vuvuzelas, colorida y estrambótica vestimenta en las tribunas. Mas el resto de casi diez mil millones contemplando el magno certamen desde la TV en plazas y plazoletas en la mayoría de las ciudades del orbe.


Bienvenidos a Mexico

Plaza de la Constitución, Zócalo. 

Pueblos todos del mundo: ¡Bienvenidos a Mexico! El emotivo mensaje de la cantante Lila Downs, en la ceremonia inaugural, fue un cordial saludo de acogida, un clamor jubiloso que retumbó a lo largo y ancho del imponente templo del futbol ubicado en la colonia Santa Úrsula Coapa, sur de la Ciudad.

Es quimérico divorciar diversidad biológica de diversidad cultural. Evidente en un certamen en que cada raza, cada pueblo, cada nación con sus ingredientes ancestrales autóctonos hace aporte generoso a la invaluable riqueza de la madre tierra que nos acoge magnánima como humanidad, en sentido colectivo. Palpitante de manera real y simbólica al final de cada partido en las lágrimas incontenibles, abatidas, de los que pierden, como también, en el llanto pleno de dicha de los que triunfan. Lo humano es así. Fluctúa entre la dicha y el dolor.


Colofón

En cada mundial de futbol gran vencedora es la humanidad, el conjunto de todos los hombres de buena voluntad, en su más vigorosa representación: la gente joven, la juventud que florece en cada escuadra con su disciplina, mística y respeto por la contienda.

En el encuentro futbolístico se entona un canto a la esperanza, a la fraternidad universal. Una suplica por una humanidad mejor, pacifica, en la gesta grandiosa que nos congrega como gente civilizada a través de un juego al que rendimos culto con encendido entusiasmo.

¡Viva Colombia campeón, Viva Mexico!

Barranquilla junio 21 de 2026.

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