NAVIDAD SIN TI (EPISTOLA)
NAVIDAD SIN TI (Epístola)
Helena: mi amor
Fue mucho más el tiempo que pasé a tu lado: 58 años; que
el lapso de mi vida sin ti: 25 años, antes de conocerte, de encontrarte en mi
camino.
Durante este largo peregrinar, nada, ni nadie nos pudo
separar. Fui tuyo y tu mía. Me acostumbré a ti y tú a mí. Éramos yo y tú,
inseparables. No podíamos estar el uno sin el otro.
Nos aceptamos con nuestros defectos y virtudes. Amamos, eternamente enamorados. Comprendimos tanto que, por una telepatía
increíble, coincidíamos, muchas veces, en la misma idea;
nos adivinábamos el pensamiento.
Al final, recíprocos, nos perdonamos; pudo más el amor
que el humano errar de los dos. Te fuiste en paz, ahora descansas en paz,
después del tormentoso sufrimiento de tus últimos días. Te ganaste, con suficientes
merecimientos, el cielo. Eres mi ángel.
Yo estoy tranquilo, solo con el inmenso dolor de tu
ausencia física definitiva. Sin embargo, siento que no te has ido. Que estás ahí,
a mi lado. Tu presencia la experimento a cada instante, en todos los momentos. Recibir
la fuerza de tu espíritu, que me custodia, es mi mayor consuelo.
Tu recuerdo permanente es mi presente; la palpitante remembranza
de tu imagen bella, la mujer más querida del mundo.
La memoria fresca que tengo de tu hazaña existencial es
imposible borrar de mi mente. Fuiste buena y generosa conmigo, guiaste y
cuidaste como si fueras mi santa madre, más que una compañera.
La reminiscencia de tu gesta materna es lo que más acongoja, me atormenta. Imposible encontrar una esposa madre y abuela igual a ti. Fuiste única. Reinabas en la casa con tu ternura y señorío, brillante inteligencia, impresionante destreza, sabias directrices y, en especial, ese sexto sentido con que encontrabas solución a todo. Ejemplar el sentido recto, vertical y honesto que diste a tu preciosa existencia.
Los hijos te extrañan, los nietos sueñan contigo,
amistades hablan agradecidas de ti, la familia aun te llora. Yo también lloro
en cada mañana y en cada atardecer, sin entender todavía porque te fuiste tan
pronto, cuando más intensamente el amor nos arrullaba.
ADESTES FIDELIS
No sabia lo que era una navidad triste, una triste
navidad. Nunca la había experimentado, no obstante, los innumerables trances
dolorosos, de todo tipo, que he padecido. Mientras estuve en mi casa, al lado
de mis padres y demás hermanos, la navidad era una época feliz. La familia
giraba alrededor del pesebre, rezábamos la novena y cantábamos villancicos. El
día de la natividad, el 25 de diciembre, era el día mas bonito del año; todo
era alegría, armonía y paz.
Durante 55 años de vida matrimonial continuamos la
tradición familiar, la tuya y la mía, que nos congregaba en una celebración
especial en donde además del nacimiento, y el arbolito de navidad la casa se
adornaba esplendorosa con ese prodigioso arte tuyo en que exponías los más multicolores
adornos de tu fantástica inspiración.
Con tu partida mi vida cambió, la navidad también. San José
y la virgen es la hora que no se han asomado por estos lares. No hay pesebre,
ni arbolito, ni luces, ni arreglos navideños en ningún recodo del apartamento. El
embriagador aroma del pernil de cerdo o del pavo relleno que tan rico preparabas no se olfatea
en el ambiente.
En medio de abrumadora soledad me levanta el ánimo el gratificante perfume tuyo que, consolador, brota de la vieja mecedora en que te sentabas
a rezar la novena de aguinaldos. Parece que estuvieras ahí, callada,
acompañándome, pendiente siempre de mí.
O´TANENBAUM
O ‘Tanenbaum, Adestes Fidelis, Noche de Paz, El Tamborilero y Aleluya,
melodías clásicas de la navidad en la que te deleitabas escuchándolas, en las
iluminadas noches decembrinas, en esta oportunidad para consolarme las hago
sonar bajito, pero conmovido porque tú no estás, para complacerte a ti y yo evocar
y reconfortarme, con la sana alegría que incitaba tu ánimo en estas festividades. Tu simpática alegría navideña sigue viva en el "Potosí" de nuestro hogar
Con esta afectuosa misiva he querido revivir los tiempos
idos de nuestro furtivo y complicado romance cuando no tenía otro recurso para
comunicarme contigo que una esquela escrita a mano en cualquier papel, el que
tuviera a mi alcance
En estos días he vuelto a releer las amarillentas cartas
que los dos nos escribíamos. Las conservo como un precioso tesoro, testimonio manuscrito
en que expresábamos el amor mutuo y los sueños que, en aquel entonces, teníamos. Gracias a Dios convertidos en realidad bienhechora
que no termina con tu muerte y que renuevo con estas sentidas palabras en que
te ratifico mi eterno compromiso contigo; el que una vez te prometí frente a la amurallada
Playa del Tejadillo, con el inmenso y azuloso mar caribe de testigo, en la
heroica Cartagena de Indias, cuna de nuestro inextinguible amorío. Descansa en
paz, amor mío. Aunque ausente vives en mi todita, toda.
Barranquilla diciembre 22 de 2025
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