DIABÉTICO Y CAMPEÓN
DIABÉTICO Y CAMPEÓN
Es diabético. Se llama Alexander "Sascha" Zverev ganador, en lo que va recorrido de este año, de dos de los más importantes
torneos de tenis, Grand Slam, que se realizan anualmente: El Rolang Garros
en Paris, Francia y el US Open en New York, Estados Unidos. Es un campeón
nacido en Hamburgo, Alemania en 1997. De padres soviéticos ganó, en representación
de su país, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
Para los que seguimos las incidencias y somos
practicantes de este deporte colma de inmensa alegría la hazaña realizada por
el alemán de origen ruso, 29 años, de frágil apariencia por su contextura
física - alto (1.98Mts), desgarbado, de escasa musculatura - y la crónica patología que lo
aqueja. Su desempeño, más allá de lo estrictamente deportivo, es ejemplo
elocuente del poder de la mente, reciedumbre de la voluntad y disciplina que
han permitido superar la adversidad y obstáculos diversos a lo largo de su
triunfal carrera. “Mantenerse firme
requiere más que talento: disciplina,
fortaleza mental y un entorno sólido”, sostuvo Zverev al término del Rolang
Garros 2026. Cuando habla del entorno se refiere a la influencia de su familia
y al equipo que lo apoya. En entrevista para Beyond Tipe explicó que quería
demostrar que "Nada es imposible" para quienes viven con esta
condición, y que la Diabetes tipo 1 no lo define.
Zverev enaltece la lista de grandes estrellas del
deporte, en sus diferentes modalidades, con este padecimiento como:
Jakie Robinson - beisbolista, Dodgers de Brooklyn.
Primer afrodescendiente en jugar en grandes ligas;
Diego Armando Maradona - Juventus de Italia, Selección
argentina;
Joe Frasier - boxeador, campeón mundial;
Adriana Pereira – futbolista, Barcelona, Selección
española;
Nacho Fernández – futbolista, Real Madrid,
Selección española;
Kris Freeman – esquiador;
Hannah Schmidt – esquí alpino;
Gary Hall – nadador, campeón olímpico;
Bill Jean King - tenista, ganadora de doce Grand
Slam
Soy practicante del tenis desde 1979, hace 47 años,
cuando jugador de futbol callejero, abandoné la bola de trapo para agarrar una
raqueta, bajo la guía del instructor Hugo Robayo, en las canchas del
desaparecido Club Alemán de Barranquilla y seguir, después, hasta el día de hoy,
en las frondosas del parque Eugenio Macias del Barrio Porvenir. El deporte
blanco ha sido participe de mi agenda diaria durante parte importante de mi
vida, factor determinante, en mi parecer, del vigor que muestro en mis ochentones días.
![]() |
| Tenistas. Parque Eugenio Macias |
Impresiona, sobremanera, la gesta del atleta germano
porque, además, de la formidable, sin igual cátedra tenística que nos brinda en
cada partido, es encomiable como sobrelleva su condición de paciente diabético.
La admiración. por lo tanto, es doble: por mi afición al deporte blanco y como médico.
A Dios gracias no he sufrido en carne propia este
mal. Lo he soportado y padecido a través de mis dos más grandes amores: el de mi madre buena Esther Hurtado Charris y
el de mi amada esposa Helena Arana Porto. Fue dura la larga batalla que tocó
enfrentar al lado de ellas. Tanto aprendí de esta experiencia familiar, más allá
de la experiencia profesional que, sin vanidad alguna, me considero experto, no
especialista, en diabetes. A mi mamá diagnostique esta enfermedad cuando hacia
tercer año de medicina por la elemental y conocida triada de las tres P:
polifagia, polidipsia y poliuria. La diabetes,
inmisericorde, acabó con sus vidas para dejarme huérfano primero y, más
recientemente, viudo. La soledad es ahora mi benévola compañía.
La diabetes tipo 1, insulina dependiente, que
aqueja a Sascha es una enfermedad autoinmune en la que el páncreas deja de
producir insulina. A diferencia del tipo 2, no insulina dependiente, no guarda
relación con el estilo de vida y no tiene cura. El tratamiento es de por vida:
insulina externa, monitorización constante de la glucosa y ajuste permanente de
la alimentación y el ejercicio.
Se la diagnosticaron cuando tenía tres años. Médicos
dijeron a sus padres que ser deportista con esa condición no era conveniente. "Eso quedó grabado en mi cabeza. No creo
que se deba poner ningún límite a los niños”, afirma con algo de resentimiento.
Durante años mantuvo silencio. Escondía para
ponerse las inyecciones, al pensar que esta circunstancia daría ventaja
psicológica a sus contendores. Solo en agosto de 2022 hizo público su estado
cuando creo la Alexander Zverev Foundation, dedicada a proveer insulina
a niños en países donde es difícil el acceso al tratamiento.
Es común, en sus enfrentamientos, ver a Alexander mirar
su muñeca o su antebrazo durante los cambios de lado. Observa el sensor de
monitorización continua de glucosa (MCG), que mide los niveles de azúcar en el
líquido intersticial y transmite en tiempo real al móvil o a un receptor de
pulsera. Si el sensor muestra una baja en la glicemia Zverev ingiere pastillas
de glucosa: de absorción rápida, fáciles de llevar en el bolsillo del pantalón
y precisas en la dosis; suben el azúcar de forma controlada sin necesidad de
ingerir alimentos en plena competición. Cuando la baja es pronunciada puede recurrir
a geles de glucosa. Si el sensor marca un alza, la corrección es con insulina:
una pequeña dosis que administra él mismo, con inyección, durante el descanso
entre juegos. Lo hemos contemplado los espectadores en los partidos largos. Saca una jeringa de insulina, se aplica la
dosis, y vuelve a jugar como si nada. En
New York, en la final del US Open, vimos a su rival: Ben Shelton, reclamando al
árbitro, falto de solidaridad y compañerismo, cuando el campeón se inyectaba porque
consideraba que se estaba demorando mas del tiempo permitido.
La convicción personal y el apoyo de su familia, en
particular de su madre, dieron la confianza y fortaleza suficientes para no
darse por vencido ante un diagnóstico tan atemorizante y las opiniones
escépticas de los médicos. "Cuando a tu hijo de cuatro años le
diagnostican diabetes y los médicos en el consultorio te dicen que su vida y el
deporte van a estar sumamente limitados, se necesita una madre muy fuerte para
salir de ahí y decir: 'Mi hijo será lo que él quiera ser. Si quiere ser
tenista, será tenista; si quiere hacer otra cosa, la hará, pero esta enfermedad
no nos va a definir'", declaró Sascha, en emotivo homenaje a su señora madre,
en medio del nutrido aplauso de las gradas en la premiación del US Open, en el
estadio Arthur Ash de New York, el pasado domingo 13 de septiembre.
Los amantes del tenis hemos deleitado, en este mes de septiembre, presenciando un torneo, que como todos los del Grand Slam proyectan no solo el espíritu deportivo de sus participantes sino, también, como se levanta airosa la frágil condición humana de algunos de sus practicantes que en el caso de Alexander Zverev nos enseña que no hay nada imposible de lograr, si se tiene la decisión y la pasión para conseguirlo. “Querer es poder”.
"La juventud hace milagros" recalcaba, una y otra vez, a mis estudiantes de medicina, ante la prodigiosa recuperación de un paciente joven que llegaba en criticas condiciones de salud.
Cartagena septiembre 16 de 2026
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario